El tiempo es la envoltura de una despedida. Esto último lo escribió un escritor tinerfeño. 

Y cómo me gusta esa definición. 

Emborracharse debería ser una competición olímpica. Con dos modalidades. Rápida y lenta.

 Para ver quién la agarra antes y para demostrar quién aguanta más.


De momento, regresamos al hotel, Y la noche, junto a nosotros, se desnuda.


     Y viajar es todo lo contrario, es caminar fuera de las pistas  embarradas por lo cotidiano, sin conocer el cansancio aunque estemos cansados.

Notas para saber más de mí, de él, de lo que sucedió.
Notas donde el pasado es un jugador que nunca admite la revancha
.
Hago mis apuestas y observo cómo persiguen los perros a la falsa liebre, que se desliza por un carril eléctrico. Porque las personas hacemos lo mismo. Persieguir liebres falsas. Fuera del canódromo. sin que nadie apueste por nosotros.